Esa decisión no convirtió a Daniel en un empleado perfecto.
Tampoco convirtió a Javier en un jefe perfecto.
Pero evitó que ocho retrasos contaran una historia que no era completa.
Y quizá esa fue la parte más importante.
Porque desde entonces, cada vez que Javier veía una cifra fuera de lugar, ya no pensaba automáticamente en castigo.
Primero buscaba la historia que todavía no conocía.
Daniel, por su parte, dejó de sentir que explicar que cuidaba a su madre era una excusa.
Seguía siendo su responsabilidad.
Pero ya no tenía