de que Adela quería presentar a Mateo como el futuro heredero, Rosa comprendió que aquella vieja historia podía volver a utilizarse para justificar la exclusión de las cuatro niñas.
Por eso había conservado los papeles.
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No para atacar a Adela.
Para que, si algún día alguien preguntaba qué había ocurrido, existiera una respuesta que no dependiera de la memoria de nadie.
Álvaro cerró los ojos durante unos segundos.
Después preguntó:
—¿Elena sabía algo de esto?
—No —respondió Rosa—. Nunca le dijeron que la prueba se había hecho.
La respuesta