también.
La niña no respondió.
Pero antes de terminar la llamada dijo algo que no esperaba.
—Encontré tus dibujos.
Me quedé inmóvil.
—¿Qué dibujos?
—Los que dejaste en el cajón.
Bajó la voz.
—La abuela dijo que ya no eras necesaria aquí.
Sentí un frío recorrerme.
Miré a Mateo.
Por primera vez su expresión cambió.
Porque él también había escuchado.
—¿Qué dijo mi mamá?
Sofía no respondió.
La llamada terminó.
Esa noche, mientras revisaba unos documentos de trabajo, recibí un correo inesperado.
Era de una dirección que no conocía.
El