Creo que no lo sabes todavía.”
Entonces entró en la habitación de la niña.
Yo me quedé en el pasillo.
No quería mirar
Pero tampoco pude irme.
La puerta estaba entornada.
Dentro había una niña de unos ocho años, muy delgada, con un gorro de lana rosa y los brazos cruzados sobre el pecho.
Su madre estaba sentada a su lado.
Tenía la cara de quien lleva demasiadas noches sin dormir.
La niña se llamaba Inés.
Lo supe porque su madre lo repetía con una voz rota.
“Inés, cariño, mira