quién ha venido”.
Inés no miró
Bruno se quedó en la entrada.
No cantamos
No hacía falta
Solo la encendimos
Los tres nos quedamos mirando la llama.
Yo dije el nombre de mi hijo en voz alta.
“Mateo.”
Javier lo repitió
“Mateo.”
Bruno apoyó el hocico en mi rodilla.
Y entonces, en lugar de pedir que volviera, hice algo que nunca pensé que podría hacer.
Le di las gracias.
Por haber existido
Por haberme elegido como madre.
Por haber mirado a un hombre ya un perro de una forma que