La reclusa más temida de la prisión decidió humillar a la recién llegada, quitándole la comida delante de todas las internas kara

perdía la oportunidad de recordar quién mandaba allí.

Por eso casi nadie se atrevía a llevarle la contraria.

Durante varios días la nueva interna pasó completamente desapercibida para ella.

Pero todo cambió a la hora del almuerzo.

El comedor estaba casi lleno. Las reclusas ocupaban las largas mesas metálicas mientras conversaban en voz baja.

La recién llegada comía sola, sentada en un rincón, con absoluta tranquilidad.

Fue entonces cuando Vanessa reparó en ella.

La observó durante unos segundos desde el otro extremo del comedor. Después sonrió con arrogancia y caminó