de vino con una nota.
“Tenías razón. Esto me molesta más de lo que debería.”
Acepté cenar con él.
2 años después nos casamos en una ceremonia pequeña junto al mar.
Solo estuvieron nuestros amigos más cercanos.
Nunca se lo dije a mis padres.
No por vergüenza.
Lo hice porque necesitaba saber que existía al menos una parte de mi vida que ellos no podían contaminar.
Por eso llegué sola a la boda de Renata.
Habían gastado casi 5 millones de pesos en flores, música, vestidos, iluminación y un enorme