herencia para construir una vida con otra mujer.
Escuché sus pasos.
Cerré la computadora.
—¿Qué haces?
—Esperándote.
Miró la laptop.
Por primera vez vi miedo en su cara.
Solo duró un segundo.
Después sonrió.
—Vámonos. Esta noche tiene que salir perfecta.
Durante el trayecto recibí un mensaje de Mariana.
La operación quedó formalmente bloqueada. Nadie puede disponer del fideicomiso.
Guardé el teléfono.
Javier conducía silbando.
No tenía idea de que la casa que ya había prometido jamás iba a comprarse.
Parte 3
A las 9:06, Javier golpeó suavemente su