copa con una cuchara.
Las conversaciones se apagaron.
Había familiares de ambos lados, amigos de la universidad, socios, vecinos y varios empleados de su empresa.
Javier tomó el micrófono.
—Andrea ha estado conmigo en cada momento importante de estos 10 años.
Todos aplaudieron.
Yo llevaba un sombrero negro sencillo.
—Y creo que esta noche comienza una etapa increíble para nosotros.
Volvieron a aplaudir.
Javier me tomó de la mano.
—Quizá por fin podamos comprar esa casa que llevamos tanto tiempo soñando.
Sentí cómo me apretaba los dedos.
Aquella frase no