así porque mi esposo me rapó mientras dormía.
Javier avanzó hacia mí.
—Andrea, basta.
Leí lo que había escrito.
—Ahora sí te ves tan ridícula como siempre.
Nadie se rio.
—¡Fue una broma!
Miré a Javier.
—Entonces explícales por qué desconectaste las cámaras antes de hacerlo.
Su cara cambió.
El silencio se volvió más pesado.
—Hoy también iba a firmar una autorización para que pudiéramos utilizar parte de los 18 millones de pesos que heredé de mi padre.
Javier palideció.
—Pero no la firmé.
Abrió la boca.
—Andrea…
—El fideicomiso