era mi reacción.
—Tengo los correos.
Su hermana lo miró.
—Javier, dime que no es cierto.
Él se pasó una mano por la cara.
—No voy a discutir asuntos privados frente a todos.
—Tienes razón.
Dejé el micrófono sobre la mesa.
—Puedes discutirlos mañana con mi abogada.
Me puse el sombrero otra vez.
Javier vino detrás de mí hasta la salida.
—¿Qué significa eso?
—Que voy a divorciarme.
—¿Por una broma?
Me detuve.
—No me estoy divorciando por mi cabello.
Señalé la tarjeta.
—Me estoy divorciando porque necesitaste verme indefensa