Mi esposo me rapó mientras dormía el día de nuestro aniversario y dejó una nota burlándose de mí. No lloré. Antes de que despertara, bloqueé los 18 millones de pesos que esperaba recibir de mí. Horas después encontré los correos que explicaban por qué necesitaba tanto ese dinero. Esa noche, frente a casi 60 invitados, le entregué el micrófono.

que nunca le había pertenecido.

El día que firmamos el convenio final, Javier me miró desde el otro lado de la mesa.

—Lo perdí todo.

Negué.

—Tienes trabajo. Salud. Tu parte de los bienes. Tu familia.

Frunció el ceño.

—Sabes a qué me refiero.

Tal vez hablaba del dinero.

Tal vez de mí.

Nunca lo supe.

—Tu problema es que sigues hablando como si hubieras perdido algo que ya era tuyo.

Firmé.

Me levanté.

Y salí.

Un año después, mi cabello había vuelto a crecer.

Más corto.

Más fuerte.

Diferente.