con mi hermana.
—Pagaron para silenciar el caso —explicó el investigador.
Pero eso era apenas la primera capa.
Valeria estaba comprometida con Diego Santillán, heredero de uno de los grupos inmobiliarios más importantes del país.
Su padre, Octavio Santillán, era conocido por proteger ferozmente el apellido familiar y financiar una fundación dedicada a tratamientos médicos para niños.
Si Octavio descubría que su futura nuera había provocado un accidente mientras conducía alcoholizada y después había huido, la boda desaparecería junto con la vida de sociedad que Valeria había perseguido durante años.