Mis padres me echaron de casa a los 16 años con una bolsa de basura y 2 muletas. 19 años después aparecieron exigiéndome 20 millones de pesos. —Tu hermana necesita que la salves. Los eché y contraté a un investigador. 3 días después dejó sobre mi escritorio la foto de una joven en silla de ruedas. —Su hermana no necesita ese dinero para pagar una deuda… sino para ocultar por qué ella ya no puede caminar.

Entonces mi hermana cometió un segundo error.

Después un tercero.

Y otro más.

Primero mandó a un intermediario al hospital para ofrecer dinero a Camila a cambio de silencio.

Cuando la familia se negó, aparecieron amenazas disfrazadas de consejos.

Luego llegaron abogados.

Después surgieron pagos.

Finalmente, Valeria utilizó accesos administrativos temporales que tenía como colaboradora de relaciones públicas en la Fundación Santillán.

Mediante proveedores falsos y facturas infladas, desvió 20 millones de pesos.

Dinero destinado a cirugías infantiles.

La auditoría externa comenzaría en 12 días.

Mis padres no habían regresado