Se levantó.
Antes de irse añadió:
—Pero si la abres, busca tu firma.
Esa noche descubrí que alguien no solo había intentado destruir mi reputación.
Había convertido mi nombre en garantía de una deuda millonaria.
Parte 2: No fui directamente a la cena.
Regresé a la quesería.
Cerré la puerta de mi pequeña oficina.
Puse la memoria USB sobre el escritorio.
La observé durante casi 5 minutos.
Raúl podía estar diciendo la verdad.
También podía estar obedeciendo a Esteban.
Tomé mi teléfono y fotografié el dispositivo antes de conectarlo.
Luego