Empujaron a mi madre y dijeron que aquí podían hacer lo que quisieran. Volví a casa sin uniforme, guardé el video completo y dejé que la verdad entrara primero kara.

entregué.

Mi madre se los puso y miró alrededor.

—Quedaron chuecos.

—Muy poquito.

—Entonces combinan conmigo.

Se rió.

Era la primera vez que la escuchaba reír desde el hospital.

Antes de volver al Campo Militar, desayuné con ella junto a la ventana.

El sol entraba sobre las mesas cromadas. La cafetera silbaba. La campanita sonaba cada vez que alguien entraba.

Todo parecía ordinario.

Y entendí que eso era exactamente lo que ella había defendido.

No una propiedad.

No un negocio.

La posibilidad de que su vida siguiera siendo ordinaria sin