No era una alergia que pudiera desconocer.
No era un riesgo que pudiera decir que ignoraba.
Sabía lo que me podía pasar.
Sabía cómo dormía.
Sabía dónde apoyaba la cara.
Y había escogido ese lugar.
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Aun así, yo todavía no sabía por qué.
Y esa pregunta empezó a cambiar cuando Sergio volvió a escribirme.
Esta vez decidí contestar.
«Sigo mal. Voy a dormir un rato».
Él respondió con un corazón.
Después llamó.
Contesté mientras Inés estaba sentada a mi lado.
Su voz sonaba tranquila.
Casi cariñosa.
Durante unos segundos