daban acceso.
Y el acceso era precisamente lo que Sergio estaba intentando conseguir.
La llamada seguía abierta.
Él todavía esperaba una respuesta.
Inés me hizo una seña para que no colgara todavía.
Sergio volvió a hablar.
—Clara, no quiero pelear contigo.
Su voz había recuperado parte de la calma.
—Solo necesito entrar a la farmacia.
Yo miré a Elena.
Después a Inés.
Ninguna de las dos respondió por mí.
Eso importaba.
La decisión tenía que ser mía.
Tomé aire.
—¿Para qué necesitas entrar?
Sergio no respondió de inmediato.
Y esa