almohada.
No todavía.
No porque quisiera engañarlo.
Sino porque necesitaba entender qué estaba tratando de hacer antes de entregarle otra pieza de información.
La conversación terminó poco después.
Sergio dijo que hablaríamos al día siguiente.
Yo no contesté.
Cuando colgué, Elena tomó la funda sellada y comprobó que las tres bolsas siguieran intactas.
Inés guardó el llavero.
Después volvió a la lista.
—Ahora vamos a revisar cada nombre.
La noche avanzó mientras yo permanecía lejos de mi cama.
El sofá se había convertido en mi lugar para descansar.
La almohada