de limpieza.
Retiré la funda sin tocar directamente la parte húmeda y la sellé dentro de tres bolsas herméticas.
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Después llamé a Inés Ferrer, abogada y antigua asesora de mi papá.
Ella escuchó todo sin interrumpirme.
Cuando terminé, su primera respuesta fue muy concreta.
—No le digas todavía lo que viste. Primero protege lo que tienes.
Luego contacté a Elena Robles, médica y mi mejor amiga desde la universidad.
Su reacción fue igual de directa.
—No abras las bolsas. Y esta noche no vuelvas a dormir en esa cama.