la explicación se le hacía más pesada en la boca hasta que se le acabó el tiempo para decirla.
—Él no la abandonó. No era el hombre que había abandonado a mi madre como yo creía. Thomas era… mi tío —susurró Susan—. Volvio por nosotros.
Se quedó sin tiempo para decirlo.
Noah se sentó en el burdillo mojado. Mara susurró: «Ay, Tomás». Michael miró al cielo gris con una mano sobre la boca.
Y lo único que podía pensar era que mi padrastro había pasado años dejando la luz del