le dije en voz alta:
—Felicitaciones, Andreea. Parece que lograste transformar tu ausencia en una herencia.
Ella solo sonrió con ironía y no respondió nada.
Cuando el regalo se convirtió en carga
Ese resentimiento me acompañó durante casi dos semanas. Un día, sin embargo, Andreea me llamó de improviso. Su voz temblaba y no sonaba nada feliz.
Me contó que los ingenieros habían inspeccionado la casa y detectado problemas serios:
- Los cimientos necesitaban reparaciones importantes.
- Las instalaciones de agua y electricidad debían reemplazarse por completo.
- Se habían acumulado impuestos impagos