Mi madre bajó la voz.
—Mariana…
—Nunca olvidé mi lugar, Elena. Solo estaba esperando que usted revelara el suyo.
Nadie se movió.
Mariana señaló la maleta que habían preparado para ella.
—Esa maleta sí va a salir de esta casa.
Renata tragó saliva.
—Bien.
—Pero no conmigo.
Mi hermana quedó pálida.
Mariana continuó.
—Renata, tienes 48 horas para devolver mi camioneta, mi ropa, mis documentos y cualquier copia que hayas sacado del despacho.
Después miró a mi madre.Revisa Artículos Maternidad
—Usted también se irá.
—Soy la madre de Santiago.