volver.
Esa fue la última conversación que tuvimos durante mucho tiempo.
La vida siguió.
Mis hijos comenzaron una nueva escuela.
Yo abrí un pequeño restaurante en el extranjero.
No era enorme.
No tenía el prestigio de una cadena.
Pero cada plato tenía algo que había perdido durante años.
Libertad.
Dos años después, recibí una invitación inesperada.
Era una ceremonia de negocios.
Mi restaurante había sido elegido como uno de los mejores nuevos proyectos gastronómicos de la ciudad.
Cuando subí al escenario, vi a mis hijos en primera fila.
Sonriendo.
Orgullosos.