la última persona que esperaba encontrar aquella mañana.
Yo regresaba de Nueva York después de cerrar un acuerdo para mi empresa de consultoría ambiental.
Subí al avión, guardé mi bolso, me acomodé junto a la ventanilla y abrí un libro.
Entonces escuché su voz.
—Esto tiene que ser una broma.
Levanté la mirada.
Mauricio estaba de pie en el pasillo.
5 años no habían cambiado demasiado su aspecto.
Traje oscuro hecho a medida.
Reloj que probablemente costaba más que un departamento.
Cabello perfectamente peinado.
Y esa expresión de hombre acostumbrado