a entrar en una habitación y asumir que todo le pertenecía.
Durante varios segundos nos quedamos mirándonos.
La sobrecargo revisó su pase.
—Señor Ledesma, su asiento es el 3B.
Justo junto al mío.
Sonreí sin humor.
—Qué suerte la mía.
Mauricio colocó su portafolio en el compartimento superior y se sentó.
Había otros lugares vacíos en primera clase.
Lo sabía porque los había visto.
—Podrías pedir que te cambien —dije.
—Podría.
—Entonces hazlo.
Giró lentamente hacia mí.
—Después de 5 años sin hablar, pensé que sería interesante ver cómo terminaste.