únicamente al último.
—No me llames otra vez hasta saber qué ocurrió con mis sobres.
Pasaron 6 horas.
A las 4:17 de la tarde llegó un solo mensaje.
Necesito verte. Tenías razón.
Sentí un escalofrío.
Acepté reunirme con él en una cafetería de Polanco.
Llegó sin chofer.
Sin asistente.
Sin abogado.
Colocó una carpeta gris sobre la mesa.
—Encontré los sobres.
No toqué la carpeta.
—¿Dónde?
—Archivados por mi antiguo despacho legal.
Me quedé mirándolo.
Mauricio parecía no haber dormido.
—El primero llegó 2 semanas después de que solicitamos