embarazo y después del nacimiento.
—Nunca recibí nada.
—Entonces deberías preguntarles a tus abogados qué hicieron con ellos.
Algo cambió en su rostro.
—¿Mis abogados?
Cerré la puerta.
—Ahora ya tienes otra cosa que descubrir.
El Bentley arrancó.
Y mientras nos alejábamos, vi a Mauricio sacar el teléfono con una expresión que conocía demasiado bien.
La expresión de un hombre que acababa de darse cuenta de que alguien llevaba años ocultándole algo.
Parte 3
Mauricio llamó 11 veces aquella noche.
No respondí.
A la mañana siguiente había 23 mensajes.
Respondí