Mauricio.
—Entiendo.
—Ellas decidirán cómo llamarte cuando se sientan cómodas.
Asintió.
—Y si algún día intentas utilizar tu dinero, abogados o apellido para presionarme…
—No lo haré.
—Déjame terminar.
Guardó silencio.
—Si lo haces, las reuniones terminan.
Mauricio sostuvo mi mirada.
—Entendido.
El primer domingo nos encontramos en Chapultepec.
Mauricio llegó 20 minutos antes.
Sin traje.
Sin reloj llamativo.
Sin regalos.
Solo llevaba una mochila.
Valentina la señaló.
—¿Qué tienes ahí?
—Agua.
—¿Nada más?
—Protector solar.
Camila abrió mucho los ojos.
—¿No trajiste juguetes?
Mauricio me miró.
—Me dijeron que