versión reducida de la que tuve con Mauricio.
Era una vida completamente distinta.
Y era mía.
Meses después, durante otra tarde en Chapultepec, Sofía cayó mientras corría.
Mauricio llegó primero.
Se arrodilló.
—¿Estás bien?
Ella tenía una pequeña raspadura en la rodilla.
Frunció el rostro.
Mauricio parecía más asustado que ella.
—No es grave —le dije.
—Está sangrando.
—Mauricio, dirige una empresa con miles de empleados. Puedes sobrevivir a una rodilla raspada.
Sofía levantó los brazos.
—Papá, cárgame.
El mundo pareció detenerse.
Mauricio no se movió.
Sofía volvió a estirar