de divorcio.
Mauricio incluso dejó instrucciones claras:
Si yo intentaba atribuirle un hijo, exigiría pruebas y pelearía cada reclamación en tribunales.
Nunca llegó a saber que no estaba esperando 1 bebé.
Eran 3.
Ahora, en el avión, volvió a mirarme.
—Supongo que al final no funcionó con él.
—¿Con quién?
—Con el hombre por el que destruiste nuestro matrimonio.
Solté una pequeña risa.
—Sigues sin entender nada.
—Entonces explícame.
—Tuviste tu oportunidad hace 5 años.
El avión comenzó a descender hacia Ciudad de México.
Me abroché el cinturón.
Mauricio guardó