En la gala benéfica, sorprendí a mi esposo abrazando a su amante. No grité. Saqué de mi bolso la carta de mi abogada y se la entregué. Él siguió sonriendo hasta que nuestro hijo de 9 años dijo: —Mamá, todavía falta enseñarle el video. La sonrisa de mi esposo desapareció al instante.

de sus cuentas o de su permiso.

El viernes por la noche, Rodrigo llegó a casa mientras yo preparaba café.

-Mañana tengo la gala de la fundación.

-Lo sé.

Levantó la mirada.

-¿Cómo sabes?

-He ido contigo durante 10 años.

Rodrigo dejó las llaves sobre la barra.

-Esta vez será aburrida.

-Estaba pensando en acompañarte.

Su expresión cambió.

Solo durante 1 segundo.

Pero lo vi.

-No hace falta.

-Soy tu esposa.

-Habrá inversionistas, discursos, prensa.

Sonrió sin humor.

-Quédate con Mateo.

Desde la escalera se escuchó una voz.

-Yo también