de sus cuentas o de su permiso.
El viernes por la noche, Rodrigo llegó a casa mientras yo preparaba café.
-Mañana tengo la gala de la fundación.
-Lo sé.
Levantó la mirada.
-¿Cómo sabes?
-He ido contigo durante 10 años.
Rodrigo dejó las llaves sobre la barra.
-Esta vez será aburrida.
-Estaba pensando en acompañarte.
Su expresión cambió.
Solo durante 1 segundo.
Pero lo vi.
-No hace falta.
-Soy tu esposa.
-Habrá inversionistas, discursos, prensa.
Sonrió sin humor.
-Quédate con Mateo.
Desde la escalera se escuchó una voz.
-Yo también