quiero ir.
Rodrigo miró hacia arriba.
Mateo estaba apoyado en el barandal.
-Es para adultos.
-También es la empresa de mi papá.
Rodrigo apretó la mandíbula.
-No.
Mateo no discutió.
Simplemente volvió a su habitación.
Cuando fui a verlo más tarde, estaba sentado en la cama con el teléfono en las manos.
-No quiero que hagas nada mañana -le dije.
-Mamá.
-Nada, Mateo.
-No voy a hacer una escena.
Me miró.
-Pero tampoco voy a fingir que no sé.
A las 8:10 de la noche siguiente, Mateo y yo