En la gala benéfica, sorprendí a mi esposo abrazando a su amante. No grité. Saqué de mi bolso la carta de mi abogada y se la entregué. Él siguió sonriendo hasta que nuestro hijo de 9 años dijo: —Mamá, todavía falta enseñarle el video. La sonrisa de mi esposo desapareció al instante.

quiero ir.

Rodrigo miró hacia arriba.

Mateo estaba apoyado en el barandal.

-Es para adultos.

-También es la empresa de mi papá.

Rodrigo apretó la mandíbula.

-No.

Mateo no discutió.

Simplemente volvió a su habitación.

Cuando fui a verlo más tarde, estaba sentado en la cama con el teléfono en las manos.

-No quiero que hagas nada mañana -le dije.

-Mamá.

-Nada, Mateo.

-No voy a hacer una escena.

Me miró.

-Pero tampoco voy a fingir que no sé.

A las 8:10 de la noche siguiente, Mateo y yo