Debajo de la fotografía, Claudia había escrito.
¿La conoces?
Sentí frío en las manos.
Mateo entró a la cocina con su mochila.
-Mamá, ¿papá va a cenar?
-Tiene una reunión.
Mateo soltó una risita seca.
-Igual que el jueves pasado.
Lo miré.
-¿Qué quieres decir?
-Nada.
Se sentó.
Pero durante toda la cena estuvo extraño.
Esa noche esperé hasta que Rodrigo se durmió.
Entré a su despacho.
No revisé documentos privados ni intenté adivinar contraseñas.
Abrí la computadora familiar que ambos utilizábamos para fotografías, pagos domésticos y facturas.
Rodrigo había