En la gala benéfica, sorprendí a mi esposo abrazando a su amante. No grité. Saqué de mi bolso la carta de mi abogada y se la entregué. Él siguió sonriendo hasta que nuestro hijo de 9 años dijo: —Mamá, todavía falta enseñarle el video. La sonrisa de mi esposo desapareció al instante.

cometido un error.

Había dejado abierta una sesión de mensajería sincronizada.

El nombre era Camila.

No encontré fotografías íntimas.

Encontré algo peor.

Mensajes cotidianos.

Te extraño.

¿Dormiste bien?

Reservé nuestra mesa.

No olvides tu medicamento.

Nuestro departamento estará listo pronto.

Leí esa última frase 3 veces.

Nuestro departamento.

Seguí bajando.

Rodrigo le hablaba de viajes, muebles y restaurantes.

A mí, durante los últimos 3 años, casi siempre me escribía lo mismo.

Compra leche.

Llego tarde.

No me esperes.

Cerré la computadora.

A la mañana siguiente, Mateo me encontró sentada en