se movió.
-Mi computadora.
-Queda asegurada.
-Mi teléfono empresarial.
-También.
-Mis archivos.
-No puede tocar ninguno.
Por primera vez vi miedo real en sus ojos.
No miedo a perderme.
Eso había ocurrido hacía años.
Miedo a perder la vida que había construido con dinero ajeno.
Vanessa agarró la bolsa.
Una mujer del área jurídica levantó la mano.
-Esa también se queda.
-Es mía.
-La compra forma parte de la investigación.
Vanessa soltó lentamente las asas.
La Chanel quedó sola sobre la mesa.
Negra.
Brillante.
Ridículamente pequeña para haber abierto un