lo consiguió.
No era Vanessa.
No era Sofía.
Ni siquiera era el dinero.
Su prioridad siempre había sido sentirse superior a los demás.
Y terminó perdiéndolo casi todo intentando alimentar esa sensación.
Un año después acompañé a Sofía a una feria nacional de ciencias en Monterrey.
Cuando anunciaron su nombre como ganadora de su categoría, saltó de la silla.
Corrió hacia mí antes de subir al escenario.
-Mamá, gané.
La abracé.
-No todavía.
Me miró confundida.
Señalé el escenario.
-Ahora ve por tu medalla.
Ella rio y salió corriendo.
La