mano hacia ella.
Y por primera vez entendí que aquella llamada que tanto me había dolido también había hecho algo inesperado.
Me recordó quién era yo antes de pasar años tratando de convencer a Ricardo de que cumpliera con lo mínimo.
Una madre no debería necesitar destruir la vida de nadie para conseguir que respeten a su hija.
Yo tampoco destruí la de Ricardo.
Él lo había hecho mucho antes.
Compra por compra.
Mentira por mentira.
Firma por firma.
Yo solamente fui la primera persona que decidió mirar la cuenta