Valeria entendió entonces la dimensión de la traición.
No solo querían su fortuna.
Querían quedarse con Mateo.
Encerrarlo en una finca, aislarlo, callarlo, convertirlo en un estorbo vigilado mientras ellos gastaban lo que no les pertenecía.
—Esto se está saliendo de control —murmuró Renata.
Se acercó a la cama, con los ojos fijos en el monitor cardíaco.
—Debimos asegurarnos de que no despertara nunca.
Mateo levantó la mirada.
—Eso ya lo habías dicho antes.
La habitación se congeló.
Sergio giró hacia el niño.
—¿Qué dijiste?
Mateo tragó saliva.
—Los escuché