en la cocina. Dijiste que mamá no quería firmar. Y mi tía Renata dijo que una curva en la carretera arreglaría todo.
Renata perdió la máscara.
—¡Cállate, mocoso!
Mateo siguió, con la voz quebrada pero fuerte.
—También dijo que todos creerían que mamá iba cansada. Y que después me llevarían a Querétaro para que dejara de preguntar.
Sergio avanzó hacia él.
—Ven acá ahora mismo.
—No lo toque —ordenó Gálvez.
La puerta volvió a abrirse y entraron 2 policías de la Fiscalía.
—Señora Renata, saque la mano de la bolsa —