discutiendo.
Se estaban hundiendo entre ellos.
Y justo cuando Renata levantó el bisturí cerca del cuello de Mateo, Valeria abrió los ojos.
PARTE 3
La luz blanca del hospital le quemó las pupilas.
Todo estaba borroso.
Las paredes.
Los rostros.
Las sombras moviéndose de golpe.
Pero Valeria vio lo único que necesitaba ver.
Mateo estaba vivo.
Y Renata tenía un bisturí junto a su piel.
Un sonido salió de su garganta. No fue un grito completo. Fue apenas un gemido roto, áspero, casi animal.
Pero todos lo escucharon.
Mateo giró