la cabeza.
—¡Mamá!
Renata se quedó paralizada.
Por 1 segundo, la mujer que había planeado su muerte dejó de ser la hermana elegante, la víctima llorosa, la tía preocupada.
Se convirtió en lo que siempre había sido por dentro: alguien consumida por la envidia.
—No —susurró—. No puedes despertar.
El policía aprovechó ese instante y se lanzó contra ella. Otro agente jaló a Mateo lejos del bisturí. La licenciada Gálvez lo cubrió con su cuerpo mientras Sergio intentaba correr hacia la puerta.
No llegó.
Un oficial lo estrelló contra la