mirando cifras grandes.
Ventas.
Valoraciones.
Propiedades.
Autos.
Capital.
Pero había una cifra que nunca supo calcular.
El valor de la mujer que estaba sentada a su lado cuando no tenía nada.
Me llamó inútil.
Me echó con una bolsa.
Y después pasó cinco años utilizando una empresa construida sobre ideas que yo había dejado atrás.
Su mayor error nunca fue perder el control de la compañía.
Fue pensar que yo era reemplazable.
Cuando finalmente hizo las cuentas, ya era demasiado tarde.