dibujar.
Y yo pensé en Desmond.
Me había echado diciendo que yo no había contribuido nada.
Cinco años después me invitó a su boda para mostrarme todo lo que supuestamente había conseguido sin mí.
Pensó que vería una mujer pobre entrar avergonzada.
En cambio vio llegar a la mujer que había construido la estructura de su empresa.
A los dos hijos que nunca supo que tenía.
Y a la nueva propietaria mayoritaria de todo aquello que había utilizado para demostrarme que yo no valía nada.
Desmond siempre había sido bueno