sintió que el peso que había estado cargando se había relajado ligeramente, no porque todo se resolviera, sino porque finalmente estaba claro.
La casa seguía siendo suya. No sólo legalmente, sino totalmente. No como posesión, sino como responsabilidad que finalmente había reclamado sin disculpas.
Y en esa claridad, había espacio.
No triunfo.
Solo espacio.
Y por ahora, eso fue suficiente.