Un granjero sordo se casa con una chica obesa por una apuesta; lo que ella le sacó del oído a su esposo dejó a todos atónitos.myyha/?

y una habitación al fondo. Él volvió a sacar la libreta y escribió:

“La recámara es tuya. Yo dormiré aquí.”

Clara lo miró, sorprendida.

—No hace falta.

Él escribió otra vez.

“Ya está decidido.”

Aquella noche, mientras deshacía su pequeña maleta en el cuarto, Clara lloró por primera vez desde que empezó todo. No hizo ruido. Solo dejó que las lágrimas cayeran sobre el vestido viejo de su madre, como si cada una enterrara un pedazo de la vida que ya no iba a tener.

Los primeros días fueron fríos