algo de la caja de Claire.
Una fotografía.
Una receta.
Una carta.
O esa ridícula bufanda que su madre una vez amó.
La caja se va vaciando.
Y por primera vez en mi vida, me alegra eso.
Esas cosas nunca estaban destinadas a quedarse para siempre dentro de una caja encima de un armario.
Y Amelia tampoco.