escondió una mano debajo de la otra.
—No quiero que me mires así.
—¿Cómo?
—Como si estuviera rota.
Adrián se volvió completamente hacia ella.
—No te he visto rota.
—Me quedé paralizada.
—Te quedaste delante de un hombre que durante años consiguió hacerte sentir inferior y no le suplicaste, no te justificaste y no intentaste demostrarle quién eres ahora.
Lucía miró por la ventanilla.
Madrid corría detrás del cristal: semáforos, motos, terrazas llenas y edificios iluminados por el sol de la tarde.
—Durante 3 años soñé con encontrarme con él —