suavemente.
—Nunca lo fuiste. Él simplemente nunca supo quién tenía delante.
Lucía permaneció callada.
Durante años había imaginado que el cierre llegaría cuando Álvaro la viera rica, poderosa o acompañada de alguien a quien él temiera.
Se había equivocado.
El verdadero cierre había llegado cuando lo tuvo delante, arruinado y suplicando, y descubrió que ya no necesitaba verlo sufrir.
No necesitaba su arrepentimiento.
No necesitaba su permiso para sentirse valiosa.
La mujer que cayó sobre aquel suelo de mármol se había levantado sola mucho antes de que Adrián apareciera para