marido.
El silencio cayó sobre la boutique.
Álvaro miró el anillo, después a Lucía y finalmente a Adrián.
—Eso es imposible. Ella no tenía nada.
Lucía sostuvo su mirada.
—Tú confundiste no tener dinero con no tener valor.
Adrián se volvió hacia uno de sus hombres.
—Sergio, conserva las grabaciones de seguridad. Que nuestros abogados reciban una copia y que la dirección presente el informe correspondiente.
Álvaro abrió la boca.
—Lucía, dile que pare.
Ella recordó las noches dentro de su coche, el hambre y aquellos 600 euros.
Pero antes